Un mensaje aun
vigente de José Faustino Sánchez Carrión
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José Faustino Sánchez Carrión |
Sr. Editor.- Acabo de llegar de Utopía, y he
traducido y transcribo á V. El siguiente retacito de una obra que por allá es muy
común, y aquí parece que no se huele —Queda de V.— El amigo de sus conciudadanos.
A continuación se lee:
Nec Marius, nec Sylla, nec Caesar.
(Ni Mario, ni Sila, ni César, es
decir, no a los dictadores que se alcen contra las libertades, ya sea que
proceda de las filas populares u oligárquicas. Nota de editor).
Prosigue el artículo, que transcribo en su
totalidad, tal como aparece en el original, incluídos los errores ortográficos:
“Cuando los pueblos largo tiempo
esclavizados, sienten, en fin, la necesidad de resarcir sus derechos para
cicatrizar las llagas del Estado, sus esfuerzos solo consiguen las mas veces
endulzar instantaneamente sus padecimientos. ¿Han roto á medias el cetro de fierro con
que se les ha gobernado? La pequeñez de sus miras no les permite extenderse
mas, se detienen fatigados de las conmociones violentas que los han agitado;
creen haberlo hecho todo, pero bien presto el déspota astuto suelda el cetro que
se deja en sus manos, y se hace tan absoluto como ántes ¿Tienen el corage de
continuar la tormenta, de soportar todas las privaciones, todas las calamidades
inseparables de las grandes revoluciones? El trono de su opresor se desploma, á la
verdad, al ruido tremendo de las cadenas que se rompen; pero por no saber donde
deben detenerse, por no conocer las empresas de la artificiosa ambicion, pasan bajo un nuevo yugo: no
han hecho sino mudar de amos.
En vano un pueblo así
libertado espera fijar en su seno los manantiales de la dicha: en vano se
lisonjea de encontrar el goze y la seguranza de los derechos de cada ciudadano á la
sombra de leyes protectoras!... La felicidad, como una sombra lijera, se escapa
sin cesar á sus abrazos. Flotando al antojo de las pasiones de los que le
gobiernan, se hace el juguete de su codicia. Arrastrado por los partidos
opuestos, cree lanzarce hacia el objeto de sus esperanzas, obtener el precio de
sus trabajos, de sus penas y de su sangre, cuando no marcha sino bajo el
estandarte de la intriga á una nueva tiranía. El combate ya por Pompeyo, ya por Cesar, y jamas por sí mismo.
Si no es vejado por un rey, y sus ajentes lo es por tribunos, senados, procónsules,
funcionarios dedicados á los diferentes partidos: la vara de fierro con que se le despedaza,
no hace sino mudar de mano: al silencio de las tumbas, que produce el
despotismo, sigue el ruido de las facciones. La Patria en el borde de su ruina
les presenta en vano el ramo de oliva, la venganza lo rechaza bajo especiosos
pretestos, el crímen sucede al crímen, ó bien solo se vé una calma engañadora, que el cipres fúnebre no tarda en cubrir con su sombra.
¿Será
preciso pues renunciar (a) la esperanza de ser libres? Será preciso repudiar la
libertad, cuando comienza á sonreírsenos y mirar como inútiles todos los
esfuerzos que se han hecho para conseguirla? No sin duda!... ¿Pero qué brújula
mostrar al pueblo para indicarle su ruta? ¿Qué áncora arrojar para que el bajel
del Estado se fije en medio de la tormenta?... La instrucción. Yo no veo otra.
Yo sé que una Constitución bien ordenada es un baluarte de la libertad pública,
pero es preciso al menos ordenarla bien.
Por buena que sea, tendrá siempre vicios, que á la larga causaran su ruina. Es
necesario instruirse para conocerlos, y correjirlos. No debe ignorarse, como el
ambicioso, dispone los resortes secretos de su intriga para conseguir sus
fines, y como se hace chocar en sus proyectos. ¿Y que importa se hayan fijado
sólidamente los fundamentos de un gobierno, si el resto del edificio no
corresponde con exactitud, ni asegura una garantía cierta? ¿si los individuos
encargados de velar en la seguridad general pueden atacarla impunemente?
¡Pueblo
que tuviste el valor de sacudir las cadenas con que te abrumó la tiranía; tú
las rompiste con audacia! Pero si no aprendiste á conducirte en la carrera
difícil que quieres seguir, á conocer tus defectos, á arreglar tus
inclinaciones, y leer en los tortuosos repliegues del corazón humano; sabe, que
el ambicioso, que el intrigante, que el hombre codicioso, son los que te
rodean, y te espian. Yo los veo sonreirsete, acariciarte, exáltar tu valor,
captar tu confianza, arrojarte en el lazo que han tenido bajo tus pies. Tu los
percibes, en fin, cuando ya no es tiempo. Al recordar, te hallas enlazado en
las redes de nuevos amos, y tus brazos están cargados de cadenas quizá mas
pesadas aún”.
El amigo de sus conciudadanos, es decir José Faustino Sánchez Carrión quien, luego del 28 de julio de 1821,
trascendió diciendo que el Perú solo había “cambiado mocos por babas”,
envía desde la lejanía del tiempo un mensaje vigente para los peruanos
de hoy en estos tiempos en que Ollanta Humala, un traidor a sus promesas
electorales, nos muestra que nada ha cambiado en el Perú desde
que Fujimori y Montesinos entronizaran un sistema de cleptocracia privilegiando
los métodos mafiosos y corruptos que es como se manejan los negocios de las
grandes empresas privadas que operan en el Perú. Nada
ha cambiado desde que eramos gobernados por virreyes.
Cabe.